Qué difícil resulta sobrevivir a determinadas situaciones en las que las emociones están a flor de piel, los nervios de punta si no es que completamente destrozados y el ánimo por los suelos.

Cuando observo el mundo a mi alrededor me doy cuenta de que la mayor parte del tiempo, vivimos ensimismados en nuestros propios problemas sin prestar atención a lo que le ocurre al vecino, no siempre puedo ayudar tanto cómo quisiera, hoy me ha dolido el corazón con historias de verdad muy difíciles de contar y más de entender y asimilar por completo.

He tenido ganas de llorar pero más de abrazar y aligerar por lo menos un poquitito las cargas de esas personas, sin embargo, no me queda más que ofrecer mi apoyo y hacer una oración.

Dios es grande, es sabio y sabe por qué deja que las cosas ocurran, Él no nos da cargas más pesadas de las que podemos llevar, nunca nos deja solos ni en las horas más oscuras cuando más perdidos y angustiados estamos. La gente puede darnos la espalda, Dios no, siempre, en alguna parte, ha puesto una puerta para escapar del hoyo y regresar a la luz.

Siempre hay un mañana para quién espera sin desesperar. El sol volverá a brillar llenando nuestros corazones de luz y todo habrá quedado atrás, solo tendremos como recuerdo, una fortaleza aún mayor.